domingo, 8 de febrero de 2009

LOS LOMBARDOS (1ªparte)

Orígenes. Longobardos, pueblo germano del grupo de los ingevones, junto con los frisios, anglos y sajones. Tuvo por lugar de origen más antiguo el Bajo Elba, donde comenzaron a distinguirse de los otros pueblos germanos; allí se encuentran instalados ya en el s. I de nuestra Era. Sus comienzos son muy oscuros. Las escasas fuentes clásicas refieren que fueron sometidos por Tiberio, aunque muy pronto debieron caer en poder de los marcomanos. El único historiador que trata este periodo es Paulo Diácono, quien recoge las leyendas tradicionales desde su emigración de Escandinavia, hasta que bajo la guía de Gudeoc se asentaron en tierras de los rugíos. Hacia finales del s. V la Historia de los l. sale de las nebulosidades de la leyenda, al avanzar hacia el SE y alcanzar a principios del s. VI el Danubio medio. Aquí adquieren un gran poder venciendo a los hérulos, dominando a los suabos y aliándose con los turingios y visigodos. Las fuentes hacen amplia referencia a un rey de este periodo llamado Wacone (510-ca. 540), que quiso alterar las normas de sucesión (no se sabe bien cuáles fueron) a favor de su hijo Waltari. Wacone se aproximó políticamente a Bizancio y aceptó el arrianismo, dando de esta manera al poder real un carácter teocrático. Pero la mayoría de su pueblo no le secundó en la conversión y permaneció pagano.
A la muerte de Wacone, su hijo Waltari, todavía niño, quedó bajo la tutela de Audoino, que será coronado rey, y bajo cuyo gobierno los l. pasaron a Panonia (546) como federados de Justiniano. De esta manera el Imperio seguía la política de enfrentar a los bárbaros entre sí. La misión de los l. era detener el avance de los gépidos, extendidos después de la muerte de Atila desde el río Theis al curso inferior del Save. La lucha contra los gépidos fue dura, hasta que Alboino, hijo y sucesor de Audoino, se alió a los ávaros. Atacados los gépidos en dos frentes, fueron vencidos (567), su rey Cunimundo muerto, y su hija Rosamunda obligada a casarse con Alboino. Esta victoria animó a los l. a lanzarse sobre la rica llanura del Po y conquistar Italia. Así abandonaron Panonia, donde comenzaba a peligrar su integridad a causa del creciente poder de los ávaros, sus antiguos aliados, y se asentaron en tierras más fértiles.
La conquista de Italia. La invasión de Italia. Acaudillada por Alboino se inició a principios de abril del 568. No fue, como muchos autores han supuesto, una marcha caótica de gente desorganizada, sino una migración preparada metódicamente con un itinerario previsto y unos jefes, aunque la masa se movió con gran lentitud, debido al gran número de mujeres, niños y ancianos. Por invitación de Alboino se habían unido a los l. 20.000 sajones, grupos de gépidos, búlgaros, sármatas, etc. El camino seguido fue la antigua vía romana que unía Panonia con la península itálica, pasando por el Friul. La ciudad de Forum Julü fue ocupada rápidamente; los l. la llamaron la civitas por antonomasia, nombre que todavía recuerda la actual Cividale del Friul. La conquista fue devastadora. Una tras otra cayeron Vicenza, Verona, Milán, Mantua y Pavía, esta última después de un asedio de tres años. La crueldad de los invasores obligó a muchos habitantes a buscar refugio en las tierras pantanosas y lagunas de Venecia, donde poco después surgiría esta ciudad; mientras que muchos milaneses, con su obispo al frente, huyeron a Génova. Los bizantinos se hicieron fuertes al Sur del Po, en tanto que los l. consolidaron sus posiciones al Norte. Lo irregular de la conquista se acentuó con el asesinato en Verona de Alboino (572), víctima de una conjura palatina, en la que no fueron extraños su esposa Rosamunda y los bizantinos, como lo demuestra el que aquélla buscara refugio en Rávena (la tradición habla de una venganza personal de Rosamunda obligada por Alboino a beber en el cráneo de su padre).
El nuevo rey elegido, Clefo (572-574), fue pronto asesinado, abriéndose un paréntesis de 10 años, en que los l. fueron gobernados por duques, que en número de 35 dominaron reducidos territorios y prosiguieron anárquicamente.

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