miércoles, 7 de mayo de 2008

LOS VIKINGOS (2parte)

Piratería y saqueoRepresentación romántica de un ataque vikingoEl tráfico creciente en pieles, cueros, marfil y quizá también colchas de plumón, y los cargamentos de retorno con armas, objetos metálicos, joyas, vidrio y metales preciosos, fomentaron la piratería. Por ejemplo, se sabe que en el año 829 unos piratas vikingos atacaron a un grupo de mercaderes en su ruta desde Dorestad al mercado sueco de Birka, en el lago Malar, cerca de Estocolmo; no pasaría mucho tiempo antes de que los vikingos acosaran ese tráfico hasta su punto de partida. Así, los primeros ataques daneses en Occidente no fueron a iglesias y monasterios, sino al mercado de Dorestad, saqueado cuatro veces entre los años 834 y 839. Pronto los saqueadores descubrieron otras oportunidades, pero fue el comercio lo que primero les atrajo a tierras occidentales.
Los ataques se dirigían tanto contra las ciudades como contra los monasterios importantes de Europa occidental. Ni los paganos vikingos tenían respeto alguno por el carácter sagrado de los monasterios, ni las viejas defensas romanas de las ciudades eran efectivas contra ellos, abandonadas como estaban desde hacía muchos años; algunas incluso habían sido demolidas en la relativa seguridad de la paz carolingia. Pronto descubrieron aquellos tránsfugas y aventureros que podían hacerse ricos saqueando aquellos lugares, exigiendo rescates por los obispos y abades cautivos e incluso por ciertos libros preciosos, o mediante la extorsión de tributos y dinero a cambio de protección. A mediados del siglo ix, las costas y ríos de Inglaterra, Irlanda y Francia eran objeto de frecuentes y, en ocasiones, salvajes ataques por parte de pequeñas bandas, cuyo principal aliado era la sorpresa.
Sin embargo, los primeros depredadores vikingos no fueron los piratas daneses, sino los colonizadores noruegos que se habían desplazado hacia el oeste en busca de nuevos hogares. Al igual que sucedió con los daneses, una vez descubierta la existencia de buenas oportunidades y tras comprobar que sus naves podían realizar el viaje con un margen razonable de seguridad, no resultó difícil a los cabecillas reclutar tripulaciones que, por una razón u otra, agradecían la oportunidad de iniciar una nueva vida: tránsfugas, inadaptados o proscritos así como jóvenes ansiosos de aventuras. Desde sus nuevos hogares en las islas septentrionales de Escocia, se dedicaron a explorar, no sin librar en ocasiones choques sangrientos con los sorprendidos y poco acogedores nativos, como los monjes de Lindisfarne, cuya paz se vio perturbada en j.unio del año 793, o los indígenas de América del Norte, unos dos siglos después. Algunos de los nuevos colonizadores se contentaban con erigir sus nuevos hogares y explotar los recursos intactos que hallaron en las islas Fe-roe, en Tslandia y en Groenlandia; otros, como
hicieron los daneses más al sur, se dedicaron de lleno a la piratería. Estos fueron los que fundaron plazas fuertes, como la de Dublín, desde donde salían para someter y poner bajo tributo las tierras e islas vecinas, como, por ejemplo, en el año 873, cuando tomaron y saquearon la ciudad británica de Dumbarton, a orillas del río Clyde.
Mientras la colonización noruega daba lugar a saqueos, las incursiones danesas terminaban en el establecimiento de colonias. Muchos de los piratas daneses eran desterrados, al igual que los noruegos. De grado o por fuerza, mantenían muy pocos contactos con su patria y desde los primeros momentos establecieron bases en el oeste, al principio en Frisia (la actual Holanda), y más tarde en Inglaterra y Francia. Con el tiempo, abandonaron Frisia, pero sus bases en Inglaterra y Francia se convirtieron en lugar de residencia permanente, aceptados de mejor o peor talante por los indígenas, unas veces como conquistadores, otras como vecinos.
No se conoce el número aproximado de colonos. Las bandas de guerreros debieron ser bastante reducidas; quienes creen que la colonización escandinava tuvo relativa densidad afirman que se produjo una segunda migración de campesinos daneses al amparo de las bandas armadas que dominaban, por ejemplo, las extensas zonas del norte y este de Inglaterra, a las que por ello se denominaría Danelaw. Los defensores de una migración masiva a Inglaterra aducen como prueba la enorme cantidad de vocablos daneses que se incorporaron entonces a la lengua de este país, algunos para expresar ideas básicas. Los invasores dejaron también su marca en el mapa con cientos de topónimos basados en nombres escandinavos de personas. La influencia de los vikingos en la lengua y la toponimia inglesas son claras e indiscutibles. La única duda está en cuanto al número de invasores necesarios para producir tal resultado.

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